jueves, 20 de septiembre de 2007

Este país se ve mejor bajo el cielo azul

Estuve el sábado en Valparaiso. Ciudad hermosa y capital guachaca.
No puedo negar que me encantan sus casas viejas, sus colores y las asombrosas sorpresas que cada rincón esconde, como pequeños tesoros que sólo un ojo atento puede descubrir o que de vez en cuando el puerto deja que los visitantes descubran para que se enamoren de su belleza, como mujer que va quitándose la ropa de a poco... Como Gipsy Rose Lee.
Saqué un par de fotos a esos tesoros, que posiblemente suba luego a mi flog, como el beso de unos gatitos o el brillo de colores de la Sagrados Corazones.
También saqué fotos del puerto siendo visitado por Julián, un evento extraordinario y que, sin embargo, espero se vuelva a repetir.
Después de todo no fuimos al Ascensor a la Luna ni entramos al Cinzano... Ni fuimos a las ramadas a bailar cueca.
En la noche nos paseamos por el Liguaria ya de vuelta en Santiasko. Nada importante hasta la mañana siguiente cuando estampé mi sello en su costilla, declarándolo como propiedad de éste durazno. También le di un vale por un millón de besos a cobrar la próxima vez que nos veamos.
Más tarde tomé un bus para Papudo, un bus que recorrió parte del litoral antes de llegar finalmente a la plaza del pueblo ese. Mi viaje fue alegrado por Nicolas Cage en Next y en Lord of War... Bueno, Jared Leto también hizo lo suyo, debo decirlo.
Ir sola en un bus no es agradable, mucho más cuando el destino final trae tan malos recuerdos.
Pero lo bueno es que al menos varios sitios que pesaban mucho fueron limpiados con nuevos recuerdos, mucho mejores y más agradables.
El paseo por Maitencillo ya no me recuerda a pálida por cocaína ni a surfistas, ahora tengo la imagen de un almuerzo familiar comiendo empanadas y una extensa conversación amistosa con mi madre.
La caminata por las rocas ya no es sinónimo de pendejos borrachos ni de soledad con una panza, rogándole a las nubes que lloraran las lágrimas que yo no podía; ahora es ver a la Isa corriendo como la cabra que es, saltando de roca en roca mientras reía y recolectaba flores y ramas de hinojo.
La plaza ahora es fria por los helados al atardecer, ya no por las largas esperas mientras se decidían por qué copete comprar ni por esperar un bus para escapar.
Y la costanera ahora tiene sabor a manzana confitada, no a aceite bronceador con arena.
Sólo me faltó limpiar la playa grande y Las Salinas, aunque eso puede esperar.
Lo otro es que tampoco pude ir a ninguna ramada ni bailar ninguna cueca.
Pero hoy sin falta me compro una botella de chicha, aunque tenga que tomármela sola.
En cuanto a la cueca... Supongo que tendré que buscar con quién zapatear una.
.Pirate Peach

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